martes 7 de abril de 2009

La Perla y Cristo


Hace unos años leí un tratado evangélico que contaba la historia de un misionero en un país, creo que,  asiático. Ese tratado me gustó bastante pero lo perdí, no sé si la historia era real o no. Ésta es una especie de versión que he escrito tratando de recordar la historia original.

Abraham recordaba cuando, 5 años atrás había aceptado el reto de irse como misionero en esa preciosa isla en uno de los países asiáticos. Había logrado grandes avances en la obra del Señor desde que llego allí, ya tenía una iglesia de más de 20 miembros, había sido bastante difícil, pero le daba las gracias a Dios por tener cierta libertad para hablar de Cristo, pero aunque se sentía muy feliz, sin embargo tenía algo de tristeza, porque su mejor amigo, al que él llamaba Perlín, todavía rechazaba la idea del evangelio.

Perlín y Abraham se habían hechos muy buenos amigos desde que Abraham llego a la isla, la casa donde vivía Abraham le pertenecía a Perlín, pero éste se la había alquilado por un precio muy bajo. Perlín, de 57 años,  era un gran pescador de perlas, eso había hecho que Abraham también se interesara por las perlas, en sus tiempos libres Abraham acompañaba a Perlín a sacar perlas.

Abraham le había explicado en infinidades de veces que Dios había creado a los seres humanos comenzando con Adán y Eva, pero que ellos fueron rebeldes y desobedecieron a Dios al comer del árbol que Él les había mandado que no comieran; le explicaba todo lo que había sucedido después de eso, del pacto que había hecho Dios con Abraham de bendecir a través de él a todas la familia de la tierra, le contaba de Moisés y la ley, hasta la llegada del Mesías, de cómo Jesús había venido para poder restaurar nuestra relación con Dios, le explicaba que Jesús era el único camino, que era la verdad y el proveedor de la vida eterna, de que sin Él nadie podía ser salvo jamás ya que Él había pagado con su sacrificio en la cruz el precio que a nosotros nos tacaba pagar y de esa manera nos regalaba la salvación.

Pero Perlín siempre rechazaba todo lo que tenía que ver con Jesús, le explicaba a Abraham, que él se había estado preparando desde muy pequeño para ganarse su salvación, que su dios le agradaba que él se sacrificara, y que esa era la única manera de él poder llegar a tener esa relación con su dios. Perlín le decía que para comienzos del año siguiente él debía irse por unos 6 meses de retiro y servicio al templo principal en tierra firme, y tener 30 días de ayuno y flagelación junto con el sacrificio de unos animales, para poder detener la ira de su dios y recibir de su benevolencia, eso debía hacerlo cada siete años, de esa manera iba añadiendo méritos los cuales serían sopesados el día de su viaje definitivo al encuentro con su dios.

A pesar de sus diferencias de creencias ellos eran grandes amigos, Abraham le enseñaba un poco de carpintería a Perlín y éste le enseñaba a conseguir perlas, Abraham se sorprendía con las perlas que Perlín sacaba y le decía a Perlín que él quería conseguir la perla más grande y hermosa del mundo, quería conseguir una perla perfecta, Perlín se reía mucho oyendo hablar a Abraham de su sueño de conseguir dicha perla y le decía que eso no era tan fácil de hacer, pero sin embargo Perlín siempre le daba ánimos a Abraham.

Abraham, viendo que se acercaba cada día más el momento de la partida de Perlín, se esforzaba más en tratar de exponerle el evangelio, pero todo parecía en vano, Perlín se seguía aferrando a sus creencias. Por otro lado Abraham se seguía esforzando en conseguir esa perla única, esa perla perfecta con la ayuda de su gran amigo; cada vez que creía tener la perla añorada se la mostraba a Perlín y este se reía y le mostraba todos los defectos que la perla tenía, y que por lo tanto estaba muy lejos de ser una perla perfecta; para Abraham estos defectos no eran evidente ante sus ojos pues él no era un experto como Perlín. .

Por fin llegó el momento de partida de Perlín, ya tenía todo preparado, Abraham iba a extrañar a Perlín, sobre todo porque le acababa de llegar la noticia que su madre estaba bastante enferma y debía viajar a su país, Abraham no sabía cuánto tiempo iba a estar lejos de la isla, por la condición de su madre probablemente estaría un año completo lejos, eso hizo que la tristeza entre ambos amigos fuese aun más grande.

Perlín quiso darle un regalo a Abraham antes de su partida, buscó entre sus pertenecías y luego se dirigió a Abraham y le dijo:

Abraham, tú has sido más que una amigo para mi, ya te considero como un hermano y me duele lo que estás pasando debido a la enfermedad de tu mamá, quiero regalarte algo antes de que ambos nos vayamos. Yo sé de tu amor hacia las perlas y de tu deseo de conseguir la perla perfecta, aquí te tengo un obsequio. – Y sacó una perla la cual estaba en un pequeño cofre, cuando Abraham vio la perla sus ojos brillaron como nunca antes, por primera vez sentía que estaba frente al objeto más hermoso que él había visto, no lo podía creer, las perlas que antes había visto eran nada comparadas con esta perla. Después de unos minutos de silencio, Abraham quien no podía creer lo que veía, y sin salir de su asombro le dijo a Perlín:

Amigo, no puedo aceptar esa perla, no te lo niego, es el objeto más hermoso que he visto en mi vida, pero sería un abuso de mi parte que yo la aceptara.

Abraham, acéptala, esto es un regalo, y porque sé que eres un verdadero amigo te la quiero regalar, la tengo guardada desde hace mucho tiempo. – Dijo Perlín.

Perlín, no puedo aceptarla, aunque te digo, si yo no fuera cristiano y tú no fueras mi amigo, creo que te la arrancaría de la mano y saldría corriendo. Escúchame, no te me ofendas, yo sé que yo no tengo mucho dinero, pero estoy dispuesto a darte todo lo que tengo por ella, sé que es de mucho valor, pero no puedo aceptarla de gratis. – Decía Abraham.

Perlín, volvió a insistir y dijo: Abraham, te la regalo, yo sé de tu gran deseo de conseguir una perla como esta, y sé que estarías dispuesto a dar lo que sea por ella, pero yo no te la estoy vendiendo, te la estoy regalando porque te tengo en muy alta estima, en estos cinco años tú me has mostrado tu amistad y sé que eres honesto,  y te quiero como un hermano y quiero regalartela.

Abraham volvió a decir: - Lo que quieras amigo…, pídeme lo que quieras, yo te lo doy, y si no tengo suficiente te pago el resto después, entiende que esa perla vale mucho, una fortuna y no creo lógico que me la regales.

Perlín, sintiéndose ya un poco ofendido le dijo: - Abraham, te voy a explicar por qué razón tu no podrías pagarme lo que vale esta perla, ni con todo el dinero del mundo te sería suficiente para pagar por esta perla.

Abraham, un poco apenado le interrumpió diciéndole: - ¿Tan cara es la perla realmente?

Perlín, con una mezcla de rabia, tristeza y pequeña sonrisa le contestó: - No es cuestión de dinero Abraham, es mucho más que eso, te voy a contar como llegó esta perla a mis manos. Mi hijo, del que no te he querido hablar mucho, desde muy pequeño era como tú, siempre le llamo la atención las perlas y me contaba, al igual que tu, que su sueño era el conseguir la perla más hermosa del mundo, y siempre creció con esa idea, y una mañana, hace ocho años, a cuando apenas tenía veintiún años, amaneció muy contento diciéndome que ese era el día en que conseguiría la tan ansiada perla. Mi hijo se había hecho un experto buceador y un gran nadador, esa mañana salimos más temprano de lo normal a pescar perlas, cuando llegamos al sitio que él creía que era el indicado, le dije que se pusiera el equipo de buceo, pero él me dijo que lo haría sin el equipo, que eso le daría más emoción y valor a lo que pretendía hacer, yo asentí y él se lanzó. Empezaron a pasar los segundos, pasó el primer minuto y no salía, aunque yo sabía que él tenía un gran aguante para estar buceando sin equipo, comencé a preocuparme, siguieron pasando los segundos que se sentían como horas, dos minutos, no aparecía, mi angustia iba en aumento, ya estaba temblando, llegaron los tres minutos y mi hijo no salía, comencé a pensar que algo malo le había pasado, cuando se acercaba el cuarto minuto decidí que lo mejor era lanzarme en su búsqueda, ya las manos y todo mi cuerpo temblaban y las lagrimas empezaban a salirme, pero vi algo, mi hijo, venía subiendo con la mano estirada hacia arriba, yo me agaché y él logro sacar la mano y colocar esta perla en mi mano y me dijo: “papá lo conseguí, lo logré”, esas fueron sus últimas palabras antes de hundirse nuevamente, pero esta vez sin vida; por eso te digo Abraham, no puedes pagar por esa perla, porque ella vale la vida de mi hijo.

Abraham, apenado y con lágrimas en los ojos le pidió perdón a Perlín por haberlo ofendido, le dijo que nunca pasó por su mente que esa perla la hubiese conseguido de esa manera. Por un rato ambos lloraron y Abraham acepto la perla como regalo. En ese momento muchos pensamientos cruzaron por su corazón y Abraham pensó que esa perla se parecía mucho a la salvación, inmediatamente le dijo a su amigo:

Perlín, realmente tú tienes razón, se que te ofendí al tratar de pagarte por la perla, cuando ella no tiene precio, pues costó la vida de tu hijo. Sabes amigo mío, eso me hace pensar en algo bastante parecido, lo que pasó con tu hijo se asemeja mucho a lo que Dios ha hecho por nosotros, el Señor al ver nuestra imposibilidad de alcanzar la salvación por nuestro esfuerzo, en su gran amor decidió sacrificar a su Hijo en la cruz, para de esa manera regalarnos la salvación; te acuerdas de todas esas perlas que yo creía que eran perfectas y cuando tu las examinabas me mostrabas todas las imperfecciones que tenían y cuán lejos estaban de ser perfectas, de esa misma manera, cuando tratamos de conseguir la salvación con nuestras acciones, esas obras son como esas perlas, imperfectas delante de Dios, no valen para Él, y Él te ha estado ofreciendo esa perla perfecta que fue conseguida por su Hijo Jesucristo, la salvación, que al igual que la perla, vale la vida del hijo de Dios y no hay nada ni nadie en el mundo que pagar por ella, pues fue conseguida por el sacrificio de Jesucristo en la cruz, por lo cual sólo tienes que recibirla al igual que yo he recibido está perla.

En ese momento Perlín cayó de rodillas entendiendo el sacrificio que Jesús había hecho en la cruz, sentía como que un velo había caído de sus ojos, en ese momento abrió su corazón a Cristo para recibir el regalo de salvación y le dijo a Abraham:

Abraham, amigo, hermano, gracias por tu gran paciencia en querer compartir este hermoso regalo conmigo, me has ayudado a entender la más grande noticia que alguien puede recibir. – Y en medio de risas, siguió y dijo: - Sabes, ya tengo las maletas listas y no necesito hacer el viaje que tanto había planeado, ¿qué tal si voy contigo a conocer a tu mamá?

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